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de marzo: Día de la Prensa Cubana
Ser
Periodista
Por Reinaldo Cedeño
Pineda
miércoles, 24 de febrero de 2010
Nunca supe como salí de aquel trance, como pude cumplir
semejante encomienda, como me pillaron desprevenido…
Debí correr, lo admito, cuando divisé en la
distancia el dedo posándose en mi hombro. Debí
correr, pero me quedé, anonadado, hundido más
bien en el incómodo banco…
Si yo estaba allí, ¿qué otro podía
despedir el duelo?
Cuando aquel señor, entre severo y suplicante vio
en mi rostro la mueca, la duda más rotunda, el no en
la punta de la lengua me espetó un demoledor… pero…
¡Usted es periodista!, ¿no?...
A la parálisis sobrevino la acción. Tomé
papel y lápiz, realicé unas entrevistas sumarias,
garabateé la despedida de duelo por encargo…. y hasta
escuché decir a la salida, que la mismísima
difunta me había encargado pronunciar las últimas
palabras.
Y es que eso es ser periodista: una marca de nacimiento que
te sigue dondequiera que vayas, como tu propia sombra, como
tu luz.
Ser periodista sustituirá tu nombre para siempre.
Nadie tendrá problema alguno para dirigirse a ti.
Y cuando voltees el rostro, te habrás convertido en
consejero, confesor, bibliotecario, maestro, siquiatra, historiador.
Algunos creerán que lo tienes que saber todo.
Harás las veces de arquitecto, electricista, plomero,
diputado, hasta gurú… pero tendrás que detenerte.
Tendrás que dar aliento a quien confió en ti
sin conocerte. A veces, se han quedado sin más, eres
su última esperanza.
Y querrás ser Dios, cuando eres sólo, un periodista…
pero te quedará estremecer las conciencias dormidas.
Escribir es el oficio más solitario del mundo- afirmó
el Gabo-. Las ideas tienen su ocasión, muévete
un milímetro, uno solo, y verás.
Nadie te dictará los verbos ni los párrafos;
pero una redacción es un taller a punto de estallar,
sin torres ni marfiles.
El periodista siempre estará acompañado; mucho
más, evaluado. Lo hace tu jefe cuando te encomienda
una entrevista. Lo hará el entrevistado ante tus interrogantes,
lo hará el corrector o el asesor, cuando termines.
Y el público, el público, el público…
definitivamente.
Como buen periodista estarás siempre al filo de la
navaja.
Para algunos, andas con no sé que osadía pecaminosa,
a medio camino de la literatura, a punto casi... La vida te
pondrá el listón más alto cada vez: tendrás
que aprender a saltarlo.
Si debes tomar la pluma como un látigo –aunque lleve
cascabeles en la punta-, no esperes una postal a vuelta de
correo. Tendrás que asumir las réplicas y las
contrarréplicas -las de afuera y las de adentro-.
Sabrás que las verdades tienen dos perros de presa,
misteriosos y constantes: la forma y el momento…
Para los tocados, nunca llegarás a la forma exacta
de expresión. Y la búsqueda del instante adecuado
se tornará como la de ciertas islas: una utopía,
o un espejismo.
Podrás verte solo frente a los molinos, molido por
sus aspas, mas el silencio no está en el diccionario
de un periodista.
Ser periodista es ser Quijote.
Si por el camino has errado, bendecirás si estás
a tiempo de enmendar unas líneas. Si te equivocas,
querrás cavar la tumba con tus manos… pero nadie te
salvará ni eres salvable: ya habrás publicado
tus errores: recuerda, eres periodista.
Si a la salida de un concierto o de un estadio, de lo épico
o lo íntimo, después de la conferencia o el
brindis, te toca sentarte frente a un micrófono o el
teclado, te hallas en la mismísima antesala del infierno
o la consagración… No escaparás.
A los pocos minutos, al día siguiente, unos querrán
conocerte, darte la mano. Y otros querrán crucificarte.
Si llegan loas, deja pasar las nubes –recuerda a Matías
Pérez y su globo nunca hallado-. No te calces los guantes
si discrepan.
Nunca olvides que cada pensamiento vale oro, que a la diversidad
ha de rendirse culto, que ellos no pueden multiplicar sus
opiniones… y tú, tú eres periodista.
Paciencia, cuando algunos te hagan volver una vez y otra;
porque justo ahora están muy ocupados. ¡Caramba,
con esas preguntas… y a estas horas!.
Las dilaciones son puertas cerradas, que unas se abren y
otras… hay que derribarlas.
Entrevistar es beber de un suspiro el aliento de una vida.
Y te asomarás, te sumergirás en muchas, hasta
mejorar la tuya propia.
Ser periodista es ser niño, con los ojos de asombro
siempre abiertos.
Y tener voz, no ser vocero.
Sin embargo, después de quince años de trabajo,
estoy averiguando aún que es ser periodista…
Mientras tanto, me veo –sujetándome el pecho con las
manos- ante unos seres marcados por un zarpazo del destino,
en sus cunas minúsculas. Y no alcanzo.
Acompaño casi en la madrugada al actor Adolfo Llauradó,
sin saber que aquella conversación desoladora, será
la última.
Subo a lomo de mulos a La Escondida de La Virgen -el nombre
lo dice todo-, para saber que en pleno siglo veintiuno, todavía
hay quien tiene el alma limpia como el arroyo de la Sierra.
Veo caer de rodillas a medio mundo bajo el sombrero de Compay,
y bebo un trago irrepetible brindado por sus manos.
Llevo un lirio a la vedette de Cuba para descubrir en La
Habana, la de verdes y de grises, a la persona detrás
de los encajes.
Beso a una reina, le pido una canción sólo
para mí, la escucho desgranarla…. ¡Duele, mucho…!
Elena
Caimanera. Base Naval. Guantánamo Traspaso la barrera
y los prismáticos: el mástil de barras y de
estrellas se hunde como una ponzoña.
Siento el frío templado del río Bío
Bío y el legado de Caupolicán cuando escucho
los poemas de una india mapuche, cuyo nombre como en los viejos
tiempos, Ryen Kvyeh, significa Luna de los primeros brotes.
Abrazo a la anciana Gardenia, porque no tengo otra cosa que
darle, y ensayo explicaciones para su canasta milenaria al
borde del abismo, para esos granos de fuego, para sus manos
como las montañas.
La ciudad abre la puerta, cuando José Soler Puig,
el novelista mayor, me invita: hay un olor a pan dormido y
a honradez.
Sigo las huellas de La Lupe, intento destejer una vida, un
ciclón que llegó del barrio olvidado de San
Pedrito a la fama universal.
Trato de detener las palabras del Nobel de Aracataca contra
las soledades y los cien años; pero Macondo me hala.
Me sostengo, cuando el pintor Marcos Pavón demuestra
con los labios, con los dientes que puede pintarse la esperanza…
después de la poliomielitis.
Estoy a unos centímetros del récord mundial,
y piso fuerte. Alzo los brazos ante la eternidad, sostengo
la respiración, salto… Salto para apretar las manos
de un campeón, Javier Sotomayor.
Cruzo la alfombra de pinos, la cancela, para encontrar a
Dulce -la amante de un faraón niño-, a María
-la del clavel de trapo-. Es Cuba quien me recibe.
Estrecho a un enfermo de ese virus letal. Las palabras no
se sujetan al papel: fue como intentar saltar un abismo y
no encontrar la otra pared. Su revelación, es una pedrada.
Me interrogo…. ante aquel domador de fieras que se abre la
camisa al cuerpo cruzado de costuras, y aún observa
con ternura a los leones.
Asisto al vuelo de Fénix, el de Ana Fidelia Quirot,
rebusco para hallarle un destello al camino, del bisturí
y los algodones al oro mundial.
Ser periodista es hacer el amor con las palabras.
Y no importa si vas de agenda o grabadora, o de manos vacías;
si vas a un funeral o un homenaje, si vas de bailador o de
doliente; si has decidido hoy mismo dejar el mundo atrás.
Ser periodista es serlo con las vísceras.
Un periodista nunca está de vacaciones. La realidad
te dará el campanazo… porque has perdido tu nombre
para siempre, porque has ganado todo, porque antes ya no existe…
Tú eres y serás un periodista
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El
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