Santiago de Cuba, 17 sep (ACN) El acercamiento temprano a la música y la participación activa de las familias distinguen al proyecto sociocultural Suzuki, iniciativa que desde Santiago de Cuba emplea el violín como herramienta para contribuir a la formación artística y humana de niños y niñas.
La propuesta, surgida en 2019 por iniciativa de dos maestras santiagueras y con sede en el Conservatorio de Música Esteban Salas, aplica el método desarrollado por el pedagogo y violinista japonés Shinichi Suzuki, basado en la idea de que las capacidades musicales pueden desarrollarse desde edades tempranas mediante un entorno favorable, la práctica constante y el acompañamiento familiar.

Cecilia Rosales, coordinadora, refirió a la Agencia Cubana de Noticias que la iniciativa nació con el propósito de crear un taller vocacional que acercara a los pequeños al estudio del violín, no necesariamente para formar grandes instrumentistas, sino para educarlos a través de la música.
El proyecto recibe a los niños desde los tres años y utiliza inicialmente un violín de cartón, concebido para familiarizarlos con el instrumento, antes de avanzar hacia el violín convencional, manifestó.
Durante el proceso, dijo, los participantes incorporan patrones rítmicos y canciones del método Suzuki, al tiempo que desarrollan hábitos de disciplina, perseverancia, escucha y trabajo colectivo.
Uno de los elementos esenciales de la experiencia es la participación de madres y padres, quienes acompañan las clases y asumen parte del proceso de aprendizaje en el hogar.
Yorisel Andino, madre de una de las integrantes y escritora, destacó que el proyecto aporta herramientas que trascienden el dominio del instrumento, pues favorece la comunicación, la interacción y el trabajo conjunto.
No se trata solamente, expresó, del crecimiento individual como instrumentista, sino de aprender a trabajar con los demás y comprender que la música también requiere coordinación, escucha y cooperación.
La experiencia ha servido además como acercamiento previo a la enseñanza profesional de las artes.
Adriana Francisco, quien formó parte de la iniciativa desde pequeña, recordó que se incorporó al proyecto por su interés en el violín y años después ingresó en la Escuela Profesional de Arte José María Heredia y Heredia, donde continuó su formación musical.
Actualmente el proyecto funciona mediante talleres vocacionales y beneficia a 50 niños y niñas de entre tres y seis años, con el acompañamiento de cinco profesores de violín y sus respectivas familias.
El apoyo financiero de la organización no gubernamental Camaquito ha permitido fortalecer las condiciones materiales, con la adquisición de violines, accesorios, un piano eléctrico, medios audiovisuales, mobiliario y otros recursos destinados al desarrollo de las actividades docentes.
De esta manera, el proyecto Suzuki encuentra en la música una vía para acompañar el crecimiento humano de los más pequeños y acercarlos a una posible vocación profesional.
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