El 11 de septiembre de 2009 los cubanos recibimos una noticia impactante: había fallecido a los 82 años, el Comandante de la Revolución Juan Almeida Bosque, el hombre humilde que se hizo grande con su actuar por la vida a favor de los coterráneos.
Almeida fue ejemplo de firmeza revolucionaria, valentía, patriotismo y sobre todo, muy comprometido con su pueblo.
Aunque nació en La Habana mostró siempre un amor especial por Santiago. Sus habitantes aprendieron de él muchos valores, pero sobre todo su sensibilidad y humanismo, por eso su veneración eterna.
Admirable fue su capacidad de simultanear la vida política con una amplia obra artística que abarca unas 300 canciones de diferentes géneros, entre estas: A Santiago, Dame un traguito, además de una docena de textos relacionados con la historia de la Revolución.
Muchos años dedicó a la atención a la Asociación de Combatientes de la Revolución Cubana como su Presidente, poniendo mucho empeño para que esta consolidara su labor.
Su accionar político se inicia desde 1952 cuando se sumó a la lucha revolucionaria tras el golge de Estado. Luego vino el Moncada, el presidio en Isla de Pinos, el exilio en México, su labor como integrante del Ejército Rebelde y el desempeño en el combate de El Uvero, donde fue herido. Después la historia recoje un momento crucial como fundador del Tercer Frente guerrillero, hasta el Triunfo de la Revolución, cuando aportó mucho al desarrollo y consolidación de importantes tareas, siempre leal a Fidel y a la Revolución.
Tal vez por proceder de una familia humilde y muy numerosa, donde se acentuaban las necesidades, fue tan sensible a los problemas de los demás. Santiago siempre fue para él un lugar especial y estuvo muy preocupado por preservar la historia, de ahí que convocó a jóvenes arquitectos para diseñar los 26 monumentos desde San Juan hasta el museo de la Granjita, por toda la carretera de Siboney, en honor a los caídos en la gesta del Moncada.
Según refirió Rodolfo Vaillant, importante compositor y por muchos años presidente de la filial de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, Almeida impulsó la vida nocturna de la ciudad y legó algo muy importante: los Estudios Siboney de la EGREM en Santiago de Cuba, en aquellos momentos con una tecnología de primera línea y que muy útil para el movimiento cultural del país en general.
Los santiagueros, y en especial la población del municipio de Tercer Frente, no pueden olvidar que en plena guerra se crearon 52 escuelas, hospitales de campaña, donde también se atendía a la población civil, se abrieron caminos y funcionaban las plantas que amplificaban la señal de Radio Rebelde algo importante para la actualización de la información.
El legado de Juan Almeida está aquí en este Santiago que tanto amó, en sus calles, en su gente, y hoy, cuando los tiempos son tan difíciles y a veces sentimos que no tenemos fuerzas para seguir, hay que mirar hacia adelante y recordar que en circunstancias también difíciles él alzó su voz para decir: !Aquí no se rinde nadie, c…..! Esa debe ser nuestra motivación y el digno homenaje al albañil, combatiente, Comandante de la Revolución, al hombre leal y fiel a sus principios y a su pueblo.
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