Martí es un llamado perenne

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Por: Reinaldo Cedeño Pineda

Tiene apenas seis años, apunta la crónica. Su nombre: José Daniel de la Torre Sampier. Vive en el poblado avileño de Punta Alegre. Aprieta contra su cuerpo un busto de Martí rescatado de los embates del huracán Irma. La imagen es tomada por Yander Zamora. El periodista Jesús Jank Curbelo apunta en su breve texto: “no sabíamos, a ciencia cierta, quién protegía a quién”. (1)

Un simbolismo conmovedor nos recorre. En su esencia más pura, el niño no ha salvado solo una representación de Martí, sino al mismísimo Martí, y con él, se ha salvado. Es que el genio de Paula se nos aparece en las situaciones más insospechadas. 

¿Dónde hallar su inextinguible lumbre? ¿Qué capacidad de surtidor poseía aquel hombre? ¿Por qué una y otra y otra vez se nos aparece vencedor del tiempo, hacedor de caminos? ¿Cómo tocar sus alas?

Esas preguntas me martillan, me acompañan. Aproximarnos al legado de José Julián Martí Pérez (1853-1895) desde una dimensión feraz, requiere establecer las interconexiones entre sus obras, sin tomarlas como núcleos cerrados, sino como capítulos de un mismo libro, como consecuencia de una misma línea de pensamiento.

Habrá que aprehender su apuesta por el partido ético y la condición humana de los protagonistas de los sucesos ―con sus picos y flaquezas―, aquella que le permitió aflorar un discernimiento de excepción, un prisma otro de las cosas, una segunda oportunidad de sobrevida a lo que parecía sancionado para siempre.

Cintio Vitier, uno de sus estudiosos más notables, consideró que Martí “hizo cátedra de la noticia; laboratorio del suceso; de lo efímero, poema; extrajo de lo sucesivo, leyes. Expuso con olor a tinta fresca y para siempre, su galería de retratos ejemplares” (2).

Solo de esa manera pudo ejercer su apostolado. Un periodismo profundo y sanador, todo lo puede. Pese a las diferencias o las lejanías, Martí, en un esfuerzo francamente conmovedor, no se dejó arrebatar a ningún cubano ―y a ningún humano― de valía. Trascender es adentrarse en la vena de las cosas. Martí es un llamado perenne.

NOTAS

  1. Jesús Jank Curbelo: “A salvo”, Granma, 14 de septiembre de 2017, p. 1
  2. Cintio Vitier: Vida y obra del Apóstol José Martí, Centro de Estudios Martianos, La Habana, 2006, p. 200.
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