105 aniversario de un ilustre santiaguero

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Por M.Sc. Miguel A. Gaínza Chacón/Foto y fotocopias: Del autor

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Transcurría la semana 32 de 1914 y mientras la altanera Europa se convulsionaba con la invasión de Alemania a Bélgica y el Reino Unido le declaraba la guerra al Imperio Alemán dando inicio así a la Primera Conflagración Mundial, en Palmarito de Cauto, apacible comarca del  noreste de la entonces provincia cubana de Oriente, venía al mundo el 4 de agosto, Fernando Boytel Jambú, con el tiempo devenido investigador incansable y abarcador en diversas ramas del saber.

Los domingos son días feriados,  de asueto; sería este de hoy el cumpleaños 105 de Boytel, aunque en verdad él nació un martes en la quietud de aquel poblado cañero, donde estaba  un ingenio, fundado por iniciativa de la comunidad sueca asentada allí y con la cual Fernandito se ligó para dar rienda suelta al ansia por aprender, por conocer más la Naturaleza (flora, fauna, suelos, accidentes geográficos) del oriente cubano.  

Es decir: hace más de un siglo,  mientras por estos lares del actual municipio Mella, en la provincia de Santiago de Cuba, nacía un ser destinado a consagrar su existencia al mejoramiento humano, en ese mismo lapso austriacos, serbios, rusos, alemanes, franceses y sus colonias, británicos y los territorios de su imperio, italianos, japoneses, turcos, norteamericanos… se liaban en una guerra inútil que costó 14 millones de vidas y más de 20 millones de heridos, mutilados, lisiados.  

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No tardó mucho Boytel Jambú, en mostrar a todos su inclinación por los saberes, aun y cuando por eso no dejaba de ser un niño travieso  y dado a los juegos y correrías propios de su edad. Su apellido, pasado el tiempo, irrumpió en mi entorno familiar pues recuerdo de mis años infantiles y de adolescentes, que en mi hogar se mencionaba con reiteración, los beneficios y propiedades nutritivas de la horchata Boytel, mucho más adicionada a los batidos; luego, con el paso del tiempo y ya en el Sierra Maestra, llegó al periódico, como correctora, Argentina, hermana de Fernando, quienes junto a Estrella e Inés María, y los padres, el dominicano Fernando y la cubana Aurora, completaban la familia.

Fernando y Aurora se trasladaron de Santiago de Cuba a Palmarito de Cauto, donde el cabeza de familia es mecánico del central. Por eso Fernandito nace en ese poblado del noreste oriental.  

Argentina recordaba al hermano como un niño muy curioso y emprendedor, sin duda seguidor del ejemplo del padre, quien instala un molino mecánico para hacer harina de maíz; fabrica tanques de agua para consumo y uso de la familia; instala luz de carburo para alumbrar la casa; adquiere una pianola para que los muchachos la oigan y aprendan a tocarla. En ese ambiente de conocimiento y trabajo constantes crece Fernando Boytel Jambú, y no extraña que a los 11 años labore en una farmacia y a los 14 en una tienda, y poco después, con unas amistades en Contramaestre, aprende herrería.

Por iniciativa individual estudia y arregla relojes y radio; aprende hojalatería, y con el padre mecánica; estrecha relaciones con la comunidad sueca asentada en Palmarito de Cauto y con esta aumenta su interés por conocer más y más.  

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Grupo Humboldt en la Sierra MaestraTiene 15 años cuando la familia retorna a Santiago de Cuba; para ese momento ha terminado la enseñanza media y se alista para el Bachillerato, mientras aumenta su interés por las ruinas francesas y cafetaleras del entorno de la Sierra Maestra.

Con una inclinación tal por la Geografía y la Historia, Boytel Jambú integra el Grupo Humboldt; participa en la mayor parte de las más de 60 excursiones; el colectivo esboza la posibilidad de crear parques nacionales en la Gran Piedra y el Pico Turquino;  en 1942 participa con el grupo en el Primer Congreso de Geografía donde presenta una investigación insito sobre el Hoyo de Morlote, cerca de Niquero. Es Boytel el primer hombre que desciende al sima de 50 metros de diámetro y 60 metros de profundidad.

En 1944 es nombrado director del Museo Emilio Bacardí Moreau; también, participa con varias obras suyas, fruto de sus excursiones, en una exposición de pintura auspiciada por la Escuela de Artes Plásticas de la ciudad santiaguera…

Boytel Jambú parecía no tener límites en su afán de investigar y de investigarlo todo; los suelos, las depresiones, los animales, las plantas, el clima, la meteorología, las construcciones, las ruinas de los cafetales franceses, los ríos, las bahías. En su afán construyó un sismógrafo…

“Era un científico en toda la extensión de la palabra” me señala eufórico Leonel Ruiz Miyares cuando le pregunté por Boytel. Y en verdad, sus aportes científicos de Fernando  aún no han sido del todo estudiados porque fue una existencia consagrada por completo a la ciencia, a la historia y la cultura  general, a la Ortodoxia porque pensaba que todo lo demás no servía.

Con sobrada razón, quienes han ahondado en la vida de Boytel Jambú coinciden en que fue un insistente investigador multifacético y naturalista; científico… fue agrimensor, mecánico, arqueólogo, físico, historiador, botánico, agricultor, meteorólogo, urbanista, astrónomo, fotógrafo, pintor, músico, taxidermista, químico, navegante…

Dominó también,  junto con el español, varios idiomas entre estos: italiano, sueco, ruso, inglés, francés, alemán…    

Además, Fernando Boytel Jambú tenía un altísimo concepto del patriotismo. No admitía nada que oliera a restarle protagonismo a lo cubano, en cualquier época. Era casi religioso lo que profesaba por los símbolos de la Patria. Y eso lo comprobé muy bien.  

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Publicaciones de la autoría de Boytel JambúHabía coordinado con Boytel para hablar sobre la bahía de Santiago de Cuba. Me citó a una hora extraña: 8:00 p.m. en su casa de calle 8 en Vista Alegre. Pensaba yo ‘un hombre ya mayor cómo él por qué querrá la entrevista a la hora de descansar’. En fin, a las ocho en punto estaba sentado en el portal de la casa. Le avisaron y salió a mi encuentro con un grupo de mapas que extendió sobre una mesa. Conversábamos animadamente y sentados, cuando a lo lejos, a unas dos cuadra, por algún motivo sonó el Himno Nacional. Boytel se incorporó como un resorte e imperativamente me dijo: ‘Póngase de pie, joven, y en atención’ Yo estaba desconcertado. Al finalizar la Marcha remachó:

‘Óiga, cuando Ud. escuche el Himno, si su oído lo percibe, tiene que ponerse en atención’. Me quedé mudo. Pasada la medianoche era yo el que estaba medio dormido y Fernando Boytel Jambú se entusiasmaba cada vez más con las historias de la bahía de Santiago de Cuba que me contaba, incluida la noche en que en la rada pernoctó Cristóbal Colón con sus naves, aunque sin desembarcar, en el segundo viaje a América. Era genial el viejo Boytel, quien falleció el 13 de noviembre de 1986 en esta ciudad. Y no debiera pasar ningún aniversario relacionado con él sin ser recordado, especialmente en Palmarito de Cauto y en Santiago de Cuba.

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