El jigüe: Mito y picaresca en la memoria oral del campo cubano

Santa Clara, 27 ago (ACN)  En el vasto universo de la mitología campesina cubana, la figura del jigüe trasciende como una de las criaturas más complejas y fascinantes de la oralidad popular, un duende de los ríos cuya evolución en la conciencia colectiva abarca desde la travesura inocente hasta los remedios más insólitos de la medicina tradicional.

   Alejandro Batista López, director de la emblemática revista Signos e investigador de la Casa Feijóo en Santa Clara, explicó a la ACN que el estudio de estas narraciones tradicionales encuentra un referente obligatorio en la obra del intelectual René Batista Moreno, autor del libro La fiesta del tocororo, volumen galardonado con el Premio Memoria que otorga el Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau en La Habana.

   El especialista argumentó que, en el imaginario del guajiro, el jigüe es retratado conceptualmente como un duende de las aguas, personificado en la figura de un indito desnudo, de piel cobriza, largos cabellos negros y devorador de frutas que habita en las remansos de los ríos. 

   Precisó que, si bien en etapas posteriores el relato derivó hacia un mito dualista con poderes para infligir daño, en la mentalidad popular prevalece la imagen de un ente inofensivo, travieso y enamoradizo que hace correrías a quienes se bañan en sus charcos.

   Al ilustrar la combinación entre superstición y picaresca rural, el investigador relató el pintoresco pasaje popular titulado Remedio para espantar a un jigüe, conservado en las tradiciones orales del municipio de Remedios.

   Según la leyenda, una campesina llamada Fela Cruz se topó con una de estas criaturas cerca de un frondoso árbol de mango; el duende comenzó a perseguirla y terminó prendado de ella.

   El director de Signos detalló que el acoso se volvió tan asfixiante que la mujer no podía abandonar su vivienda ni sola ni acompañada, pues el ente atacaba con furia a cualquiera que intentara escoltarla, emulando la conducta de las ciguapas, que en el folclor caribeño persiguen a los hombres.

   Ante el desespero familiar, la curandera del poblado, María Sánchez, prescribió una solución drástica: ordenó a Fela un baño con orina de yegua antes de salir del hogar durante tres mañanas consecutivas para romper el hechizo. 

   Batista López añadió que, al poner en práctica la recomendación, el jigüe acudió entusiasmado al encuentro de la campesina, pero al percibir el penetrante efluvio, lanzó un desgarrador alarido de repulsión y huyó a toda prisa para no regresar jamás a la comarca.

   El investigador de la Casa Feijóo concluyó que este tipo de testimonios orales demuestra la inagotable imaginación del campesinado cubano para enfrentar las sombras de lo desconocido, reafirmando que el rescate del folclor tradicional es indispensable para preservar la memoria espiritual y la identidad de la nación.

Agencia Cubana de Noticas

Visitas: 53

Entradas relacionadas