Jornada de la cultura cubana en Santiago: HOMENAJE A MARINO WILSON JAY

Un doble homenaje a este inolvidable escritor y ensayista, (fallecido recientemente víctima de la Covid-19) desde la Sección de Escritores de la Uneac y desde el Centro de Promoción Literaria José Soler Puig. Esta crónica le evoca…

Si tenéis suerte, surge de alguna esquina y su oficio de oráculo traspasa. Conste que no es metáfora. Si te resguardas del sol, si hay buen aire, todavía habrá tiempo para hablar de María Kodama, la musa de Borges; o de Rodríguez Feo, el olvidado; quizás de Penny Lane ─la mítica y cantada─, que atravesó una tarde en Liverpool como buen marinero.

Entre Boti y Heredia, Marino pondrá un poema en tus manos en la Biblioteca Elvira Cape. Tal vez  un solo poema del tamaño de un libro: Yo vi a Dios escribiendo en las paredes, escribe el mismo. No le desmiento. No me atrevo.

Tomará un reloj de arena para decir las cosas a su manera insólita. Y han de nacer, por ejemplo, El libro terrible o  Poesía funesta, con su nueva semántica. Su nombre es presa de todas las pavuras. Sus apellidos son galácticos. Marino Wilson Jay se burla de los años, se burla de la muerte y del ácido úrico. De sus ritos regresan las palabras. Él sabe donde comienza la alborada.

Dijo una vez, lo confesó, que se enamoró de la “majisidad” de Santiago, de la “majisidad” de una santiaguera, Daysi Margarita Villalón García, y desde sus alas, Santiago le entró por el amor.

Él es el provocador, es el fluir, es el gurú. El amante eterno que ha dejado, su huella en todos los libros de este mundo.

(IMAGEN tomada de un fotograma del espacio televisivo Más que dos)

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