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Por: Reinaldo Cedeño Pineda
Santiago de Cuba, 10 oct.- Rosa se llamaba igual que su madre, igual que su abuela, igual. Se ha perdido el hilo de ese nombre en el inicio de los tiempos; mas a esta Rosa le gustan las espinas. Resulta un amor casi paradójico, pero fiel. Su pasión son los cactus. Pasa horas entre ellos. Roza las espinas con la yema de sus dedos, le gusta ese contacto, lo procura. Será que anda preparándose para las punzadas de la vida. Read More…