La espera

Por: Katiuska Ramos Moreira

De cómo la esperanza y la solidaridad vencieron al miedo ● “Lo más difícil fue la incertidumbre, esperar el resultado del tan ansiado test” ● “Me anima mi familia. Llegué a la casa y me estaban esperando todos, aplaudiéndome…”

Yo, fui la primera en darle la noticia: “tu compañera de trabajo dio positiva”. Se congeló su mirada en un gesto de angustia y de inocencia. Sus ojos, sus hermosos ojos, no me veían. Del baño al cuarto, malos pensamientos despertaban la alerta. Ella trató de organizarlos: una llamada telefónica, el conteo regresivo del almanaque para recordar cuál había sido la última vez.

“Tú no tienes nada, hoy hacen casi 14 días”, le dije; pero ella ya no me escuchaba. Se desplomó.

Para Kenia nunca antes había sido tan doloroso salir de casa. La primera observación de la doctora del consultorio del Médico de la Familia ―a donde aún no había llegado la información oficial―, la regresó a su cuarto, diligente, a recoger algunas cosas, lo indispensable.

“Me tengo que ir, tengo que salir de dudas ―me dijo― ¿Te imaginas?… Yo aquí creyendo que estaba a salvo y, a lo mejor, los he infectado a todos ustedes. ¡Ay, Katy… si yo traje eso para la casa… yo me muero!”

Sus últimas palabras no abandonan mis oídos. A mi amiga hace más de 20 años, ante la terrible duda de haber contraído el virus, no le importaba estar enferma ella, sino haber enfermado a alguna de las personas que convivimos en su hogar.

La vi alejarse y sentí miedo. Miedo de no poder decirle nunca que, esa mañana, me había hecho testigo del más extraordinario gesto de amor incondicional que había experimentado en toda mi vida…

El regreso

Hoy, es el Gran Día: Kenia recibió el alta epidemiológica, luego de egresar de uno de los centros de aislamiento constituidos en el país para pacientes sospechosos a la epidemia por la Covid-19.

La casa ha vuelto a llenarse de su risa, de su andar apurado. Su cuarto dejó de ser un lugar prohibido. Sus manos desandan. La cocina y la comida tienen sus aromas. Un hombre espera para ocupar su lado de la cama y abrazarla. Un hijo, que se le parece mucho, recuerda la noche antes en que discutieron y pide “disculpa”, mientras una princesa muere por las ganas de besarla y se niega a sucederla en el trono porque “solo ella pude ser la Reina”.

“Lo más difícil fue el no saber, fue la incertidumbre, fue esperar dos cosas terribles: una que llegara el resultado del tan ansiado test, positivo o negativo; y otra, que en cualquier momento aparecieran los síntomas de la enfermedad en mi organismo. Esto sin pensar que el virus no está en la cara de nadie, entonces imagínate rodeada de personas que fueron como tú, contactos de un caso positivo y tú no saber, si quien está durmiendo al lado tuyo, ya tiene la enfermedad o no….

“Es una angustia que se incrementa por segundos, te parece que no pasan los minutos, las horas. Y luego vienen y se llevan a alguien en una ambulancia y tú sabes que es porque su test dio positivo y entonces el llanto de una madre y tu llanto, y ya no sabes si lloras por solidaridad, o por miedo de que seas tú la próxima.”

Secó sus lágrimas antes de mirarme y no tuve que hacer preguntas…

“Superarlo va a ser difícil. Sé que mi psiquis no está bien, a veces me siento nerviosa, temerosa; pero sé que va a pasar. He tenido bastante apoyo, no he tenido un sicólogo que me ayude, pero he tenido el apoyo incondicional de una mujer que quizás ella no sabe lo importante que ha sido en mi vida en todos estos días, ni sé si le guste que la mencione…

“Hay una epidemióloga, la Dra. Tayseth Fuente, que se ocupa de llamar a contactos de casos positivos para brindarles aliento y lo hace con tanto amor, aunque sea por teléfono… Te dice que ella está ahí y que todo va a estar bien. No sabes cómo espero esa llamada…”

La esperanza

“Me anima mucho mi familia. Llegué a la casa y me estaban esperando todos a un lado de la escalera, aplaudiéndome, como si yo fuera lo importante en esta historia y no… si ellos supieran que lo importante son ellos, que todo lo que hice lo hice por ellos.

“Me ayudan mis amigos que me escriben por cuanta red social existe, mis compañeros de trabajo de Gaviota Tour que no han dejado de llamarme, los colegas de la Alianza Francesa y mis alumnos. Es Dios, ese Dios todopoderoso que me dio fuerzas para despertar cada día hasta que llegó el tan esperado Negativo de mi Test.

“Tengo mucha vida por vivir”, me dijo, y el regalo fue su sonrisa.

“Tengo mucho que agradecer, a todas las personas del sistema de salud de mi país, que lo están haciendo tan bien, y a mis seres queridos. Imagínate, se exacerbó lo quisquillosa que soy. En mi casa quiero hacerlo todo perfecto, que el naso buco siempre esté, que nadie salga a la calle que se laven las manos…

“Ojala entiendan que no los quiero ver pasar por esa amarga espera, que necesito que se cuiden para ellos, que se cuiden para mí, que se cuiden para el mundo”.

Por su humanismo de excepción, Radio Siboney digital pone además a su consideración un fragmento de estas confesiones en la propia voz de la testimoniante…

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