Beny Moré: una forma abreviada de decir Cuba

Es el 19 de febrero de 1963, a filo de las cuatro de la tarde. Cuba entera está pendiente de las noticias.Varios se acomodan en los portales frente a los grandes almacenes y tiendas de electrodomésticos, y miran a los televisores a través de las vidrieras. Otros, en las cocinas de sus casas, se reúnen con sus familiares alrededor del aparato de radio. Todos sienten que uno de sus hijos, el novio, el hermano, se les va. Es Benny Moré, el lajero que desde hace una década se disputa con los políticos y celebridades los titulares de los periódicos, está grave en el Hospital Nacional.

Muchos creen que morirá en unos días. Muy pocos, casi todas mujeres, albergan esperanzas de que sobreviva. La mayoría sabe de su vida más que el mismo Benny, que ahora agoniza. Conocen al detalle sus excesos, su alcoholismo impenitente, su vida de mujeriego mil veces perdonado. De hecho, les gusta recordar la vida del mulatico de Pueblo Nuevo, el barrio de Santa Isabel de las Lajas, la del frutero que ganó en la Corte Suprema del Arte y que se fue a México a cantar con Matamoros, y la usan de ejemplo para salir de su pobreza. “Si él pudo triunfar, ¿por qué yo no?” 

Y no les falta razón. El Benny es un pedazo de Cuba hecho hombre. Fiestero, santero, guajiro, machista, vitalista y despreocupado, la Isla lo contempla encariñada cada vez que cruza una calle con donaire, con su amplio pantalón de bataola, lo escucha estremecida cada vez que interpreta ese bolero. Oh, vida, si supieras.   

Por eso todos permanecen atentos a los radios, escuchando a diario los avances y retrocesos en la lucha contra la cirrosis hepática. Ese 19 de febrero de 1963, todos los que escuchan el parte médico comprenden la situación no es buena. Quizás sea la voz del que anuncia, más nerviosa que de costumbre, o que lee más rápido. Cuando se da la noticia vuelve la programación, que es toda de números interpretados por Benny, esos que lo hicieron famoso por toda América, y que pusieron a bailar a tres generaciones. Bonito y sabroso, Qué bueno baila usted, Cienfuegos. Esa tarde todos suenan como un homenaje.

A las 6 y 20 de la tarde las cadenas de televisión y emisoras de radio interrumpen la emisión habitual y dan el informe, tan triste a pesar de ser inevitable. Cuba se detiene. Quien pase por los bares de cualquier ciudad se lleva la impresión de una fiesta absurda, donde hombres y mujeres lloran al compás de un son o una guaracha pegajosa. Oh, vida, no te alejes. 

Y así comienza la sobrevida del cienfueguero más conocido en el mundo. Del cubano por excelencia. El primer nombre que mencionan los extranjeros cuando quieren demostrar que conocen de esta isla. El Benny es, desde el 19 de febrero de 1963, una forma abreviada de decir Cuba. 

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