Martí, inspiración infinita

Por: Lidiuska Cardero Diéguez

Santiago de Cuba, 28 ene.- A más de un siglo de su nacimiento, hablar de José Martí es siempre un ejercicio de razón y análisis. Grandes desafíos políticos, sociales, económicos y culturales caracterizan el escenario internacional, y el pensamiento y la obra del Apóstol de la independencia cubana es esencia inspiradora.

Más allá de la connotación de las actividades en homenaje al aniversario 166 del natalicio de José Martí, la huella indeleble de su ideario está presente en todos los ámbitos de la vida de quienes habitamos esta isla.

Y es que decir Martí es más que pronunciar discursos. Se trata de un hombre excepcional, que maestro de la vida, prefirió el bien de muchos a la opulencia de pocos.

A Cuba, su Patria, amó infinitamente, también la sufrió. El hombre fuerte y de fineza exquisita no se conformó con la realidad que le tocó vivir; aprovechó cada escenario, cada verso, para luchar por su país.

Con ese propósito volcó su empeño hacia los pobres de la tierra. Con los desamparados del mundo padeció el horror del castigo en las canteras, no toleró el racismo, mucho menos el esclavismo.

Se convirtió Martí en peregrino y aprendiz de América. En México, Venezuela, Guatemala, su trabajo cotidiano de maestro y periodista le permitió conocer el panorama de esas repúblicas. Iniciaba así su tarea definitiva en Estados Unidos. Conoció el imperio, conoció del monstruo, sus entrañas.

Allí juntó voluntades. Lo hizo en espacios públicos y a través de su verbo ardiente. Tempranamente comprendió el Apóstol la necesidad de involucrar a los obreros y a los humildes en la batalla que era todos.

El hombre de La Edad de Oro, de los Versos Sencillos, del enérgico y profundo poema Abdala, insisto, es esencia inspiradora para la unidad latinoamericana. No por casualidad prestigiosos intelectuales vuelven siempre a su obra. La eminente investigadora cubana Graziela Pogolotti, insta en uno de sus escritos a ir más allá de la frase martiana hecha consigna, se hace urgente la necesidad de aquilatar la vocación humanista como único modo de encarar los desafíos actuales con una visión antihegemónica, anticolonialista y de integración. Hoy más que nunca, estas palabras cobran sentido.

Es 28 de enero y Martí cumple 166 años. Cada antorcha encendida, hecho sensible y hermoso en cada sitio de esta geografía, de esta América Nuestra, es una reverencia a su vida.

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