VII Encuentro Amigos del Jazz

Por: Reinaldo Cedeño Pineda

 

Un Suceso

Uno se va con ella, se envuelve en ella cuando cesan las notas. Hablo de la música. Así se nos quedó el VII Encuentro Amigos del Jazz (20-23 septiembre), organizado por la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac) en territorio santiaguero, con una estela de descargas y una gema como cierre para atesorar.

Cuadros de una exposición es un homenaje musical que el compositor Modest Mussorgski (1839-1881) escribió para piano en homenaje a Viktor Hartman, artista fallecido tempranamente. El creador ruso bordó con música una decena de obras plásticas de su amigo… y tal fue el resorte histórico para el concierto acaecido más de un siglo después en Santiago de Cuba.

La tarde noche de este domingo en el teatro Heredia acogió el suceso. Bajo la dirección de los maestros Mike Davison (Estados Unidos) y Daniel Guzmán Loyzaga (Cuba), una orquesta creada en edición única entretejió con hilos de oro la música con las artes plásticas, para tributar un canto a la cultura por partida doble.

Tiene argumentos el doctor Davison, profesor de jazz y trompeta, jefe del departamento de música latina y especialista en música cubana de la Universidad de Richmond (Virgina, Estados Unidos), cuando confiesa que “el jazz y la música son más que eso: constituyen un puente de comunicación entre los pueblos. Por eso es tan importante trabajar juntos”.

Una intensa vibra acompañó la proyección de las piezas pictóricas. El canto, el piano, el drums, la trompeta… se unieron al óleo y los trazos. Unas improvisaciones que deben estar sonando todavía entre bastidores. El guaguancó, la conga, obras originales y clásicas de compositores cubanos versionadas para la ocasión, marcaron la atmósfera de Cuadros de una exposición en versión contemporánea.

La singularidad de la propuesta, la transposición de un arte al otro, su enriquecimiento y tributo mutuos, lograron concreción feliz. La conducción del espectáculo a cargo de Dayron Chang, resultó efectiva como guía de la simbiosis músico-pictórica que ocurría en las tablas, lo que demuestra su crecimiento como comunicador integral.

Valga citar como ejemplos del espectáculo, la polifacética demostración del propio Davison frente a la obra de Alberto Lescay , la flauta de Iván Acosta acompañando la proyección de la obra El Baile de Carlos René Aguilera o la voz ingualable de Zulema Iglesias ante la pieza de cierre; la Oyá del panteón yoruba según el legendario artista naif, Lawrence Zúniga. Otros pintores escogidos resultaron Gretel Arrate, Antonio Ferrer Cabello, Israel Tamayo y José Loreto Horruitiner.

La altura profesional de visitantes y anfitriones se puede aquilatar en el hecho de que apenas tuvieron unas horas para el ensayo de una propuesta de semejante magnitud, y todavía supieron regalar la energía raigal de sus improvisaciones en otras sedes.

Un patio para la descarga

Santiago de Cuba se ha convertido en una plaza ineludible para los cultores de este género. El Iris Jazz Club, en el propio corazón de Santiago de Cuba (Plaza de Marte) resulta un espacio diseñado y pensado para estas sesiones. Tal como el mencionado club, también funcionaron como sedes del evento el Patio Siboney de la Empresa de Grabaciones y Ediciones Musicales (Egrem) y la Plaza Dolores.

Sin embargo, las jornadas de tarde-noche en el patio La Jutía Conga de la Uneac (Heredia 266) se llevaron las palmas. Dilatadas a veces, pero cada minuto valió la pena. Jóvenes y consagrados, lugareños y recién llegados, compartieron sus inspiraciones y ejecuciones en un lugar cuya intimidad resulta ideal para la interactividad.

Yasek Manzano, alza su anatomía a la par de su tompeta prodigio. Crece. La pasión desborda. Y sobre los asistentes se derraman las notas de Danza de Makuki, historia de amor jazzeada de su propia cosecha; y de Satélite, homenaje a un clásico como John Coltrane.

Como extra, Manzano obsequia el acompañamiento ocasional a la versátil Giselle Lage, pianista, compositora e intérprete. La joven artista iluminó el teclado con Beautiful Love, obra imprescindible del jazz desde los años treinta. Su talento vocal le permite abordar un bolero o jazzear piezas de una cuerda más lírica.

Ya se ha dicho, el sonido del saxofón es inimitable. Instrumento saxual por antonomasia, en manos de Carlos Miyares es más: el instrumento es su latido y es su pecho. Si la piedra de toque del jazz es la variación, la improvisación, la descarga que redondea la melodía principal, el jazz se hizo para Miyares.

Las tardes de este encuentro contaron con la maestría de Orlando Valle (Maracas), el ímpetu de los chicos de Influencia y el franco crecimiento de Rodrigo y su agrupación Ceda el Paso, cuya demostración no deja duda alguna.

Eso y más…

El propio patio acogió la presentación del volumen Chano Pozo, la vida (1915-1948) de Rosa Marquetti, propuesta de la Editorial Oriente y a cargo del poeta Reynaldo García Blanco. Enjundioso acercamiento a la trayectoria de esta leyenda del jazz (con varias imágenes antológicas), autor de la céleberrima Manteca, hito en las raíces afrocubanas del jazz y con una muerte de película.

En sus cuarenta años de creada, la uneac santiaguera hizo un regalo a su ciudad y a la cultura cubana. El VII Encuentro Amigos del Jazz requirió no pocos desvelos, mas se convirtió en todo un suceso. Enhorabuena.

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